Luz Zárate

Celaya.- A 21 años del “Domingo Negro”, este 26 de septiembre por primera vez no hubo un evento para recordar a las personas que lamentablemente perdieron la vida en las explosiones ocurridas en 1999.

No llegaron deudos, amigos de los fallecidos y mucho menos autoridades. Ni una veladora hubo en el lugar.

Cada año se realiza el rezo de un rosario en el sitio donde ocurrieron las explosiones del “Domingo Negro”, justamente afuera del negocio “Desechables y Botanas Lupita”, que es justamente donde se ubicaba en aquel entonces la “Abarrotera Celaya” donde aquel 26 de septiembre de 1999 explotaron 4 toneladas de pólvora y juguetería pirotécnica, lo que dejó la zona totalmente devastada y fallecieron 72 personas y 350 resultaron lesionadas.

Este año ese episodio de la historia de Celaya quedó en el olvidó, por primera vez desde que ocurrió la tragedia no hubo un comité organizador que organizara un rezo, tampoco estuvieron los lesionados que aún viven o familiares de los fallecidos, tal como había ocurrido en años pasados que se reunían en el lugar para orar y recordar lo sucedido.

Este sábado no hubo veladoras, flores o los retratos de las personas que perdieron la vida y que cada año se colocaban afuera del negocio donde ocurrió la catástrofe. El negocio donde ocurrieron los hechos estaba cerrado, pues cada aniversario –los nuevos dueños- cierran el local para que los deudos puedan realizar el rezo.

Al lugar llegó Juan Arellano Rangel, que en aquel entonces era bombero y participó en las labores de rescate y en cuya tragedia perdió a varios de sus compañeros rescatistas. Esta mañana arribó a la calle Antonio Plaza a bordo de su ambulancia de la Escuela de Capacitación en Emergencias de Celaya (ECECAC) con la intención de participar en el acto que cada año se realiza.

Al ver que no llegó nadie, permaneció unos minutos, prendió la sirena de la unidad un minuto en señal de luto y se retiró del lugar.

Guadalupe Hernández también llegó con la intención de participar en el rosario, platicó que trabaja cerca del lugar y cada año asiste porque en las explosiones perdió a algunos amigos y a su cuñada, pero se quedó sorprendida al ver el lugar solo.

“Cada año vengo, esta vez perdí permiso en mi trabajo para venir al rosario para recordar a varios de mis amigos y una de mis cuñadas que trabajaba aquí en Carnitas Rodrigo. Yo creo que no debe quedar en el olvido, dicen que este año fue por la pandemia, pero no debe olvidarse, fue una tragedia muy grande”, platicó.

Alrededor del sitio donde ocurrieron las explosiones hace 21 años, se apreció a los clientes y vendedores realizando sus actividades de manera normal, en los negocios aledaños había varias personas formadas esperando ser atendidas, otros desayunaban en los puestos de comida que están en la zona, la actividad en la calle Antonio Plaza, la Central de Abastos y la Central de Autobuses se mantuvo normal.

El líder moral de los afectados, el profesor Florencio López Ojeda, falleció el 4 de noviembre del 2017, y a partir de ahí los eventos de remembranza e incluso las peticiones de apoyo para las personas lesionadas, fueron disminuyendo hasta este 2021 que prácticamente pasó desapercibido.

La historia 

Pasadas las 10 de la mañana de aquel domingo 26 de septiembre de 1999, una explosión estremeció la principal zona comercial de la ciudad y sus alrededores. El estallido ocurrió en el establecimiento llamado ‘Abarrotera Celaya’, ubicado en las calles Antonio Plaza casi esquina con Felipe Ángeles, frente a la Central de Autobuses.

El estruendo alertó a los cuerpos de emergencia que de inmediato se movilizaron hacia la zona. La columna de humo creció rápidamente, lo que hizo que paramédicos, rescatistas, policías, tránsitos, periodistas y personas que querían ayudar se dirigieran al lugar a apoyar en las labores de rescate. Pero una segunda explosión provocó la muerte de decenas de personas y causó lesionó muy graves en cientos.

Las investigaciones concluyeron que la tragedia fue resultado del almacenamiento ilegal de cuatro toneladas de pólvora y fuegos artificiales, que se encontraban guardados en la bodega de la ‘Abarrotera Celaya’. La Procuraduría General de la República (PGR)  responsabilizó al Municipio y varios funcionarios de Fiscalización fueron a prisión.

El saldo final fue de 72 muertos, más de 350 lesionados, incalculables daños materiales y el imborrable recuerdo de la tragedia.

Desde el 26 de septiembre de 1999, el Ayuntamiento prohibió la venta y quema de material pirotécnico, sin embargo a la fecha se siguen tronando cohetes, tanto en eventos religiosos como por ‘diversión’.

DM