Cámara de Tortura

Cuando Andy recibió su anhelado juguete nuevo, los demás juguetes reaccionaron de formas distintas. Algunos recibieron al flamante cadete espacial con asombro, por todas las fantásticas funciones y habilidades incluidas; mientras que otros lo recibieron con cierta curiosidad e incertidumbre, sobre todo al darse cuenta que el juguete realmente creía que era un verdadero policía interplanetario.

Pero cuando el recién llegado Buzz Lightyear comenzó a ocupar la posición de favorito en el corazón de su dueño, el vaquero Woody que hasta ahora había tenido ese privilegio, sintió algo muy diferente a los demás. Woody sintió envidia.

La trama del primer largometraje de animación de Pixar —Toy Story— trata una de las características más influyentes en el comportamiento de los seres humanos, y también uno de los más tratados en las historias que la Humanidad se ha contado a través de los siglos con mucho éxito.

Es curioso que en el primer largometraje de Disney —Blanca Nieves y los Siete Enanos— también estuviera involucrada la envidia como eje principal de la historia.

Pero mucho más allá de lo que la animación pueda llevarnos a explorar en este corrosivo sentimiento, la literatura nos ha mostrado que la envidia es el centro de las conducta humana que más atrae a los escritores, por ser tal vez la más clara razón del conflicto humano.

Ya la Divina Comedia de Dante Alighieri en el siglo XIV mostraba a los condenados por el pecado de la envidia como personas que con los ojos cosidos con alambre de hierro purgaban su condena en un infierno especial para ellos. Definitivamente la imagen de la envidia de Dante es más cruda que la de Pixar, donde finalmente los dos juguetes resuelven sus diferencias y se hacen amigos.

Para Dante el pecado de la envidia trata de aquel que mira con deseo y repudio la fortuna de otro. Esta combinación de deseo y repudio generan un dolor personal muy íntimo en el individuo, que comúnmente no es totalmente consciente del tipo de emociones que lo invaden.

La interpretación de Dante es de hecho muy adecuada pues la envidia tiene que ver con una percepción equivocada del individuo que genera una visión particularmente dolorosa de su realidad y de su propia identidad, enfocada en la carencia y en lo que no se tiene, dejando fuera cualquier virtud o fortaleza del observador. Cegados por la envidia, las personas son incapaces de ver con objetividad la situación que les está ocurriendo.

La emoción de la envidia tiene su origen en el sistema de recompensas en nuestro cerebro primitivo, principalmente en el hipotálamo, y viene programada originalmente para garantizar la supervivencia.

Imaginemos a alguno de nuestros ancestros primates en un mundo escaso de recursos, al darse cuenta que el vecino de la rama de al lado se está comiendo el último plátano que quedaba. Seguramente lo que sintió fue algo parecido a la envidia.

Y esta suposición ya fue observada por los neuro científicos  en 2018 cuando realizaron experimentos con macacos, donde monitorearon las zonas que reaccionaban en el cerebro cuando un simio veía a su compañero recibir agua, activando regiones específicas sin importar si el también estaba recibiendo el vital líquido. Esto muestra entre otras cosas que cuando alguien está en modo envidioso, no es capaz de valorar sus propios beneficios, pues está enfocado en lo que tiene el otro.

La señal de supervivencia del hipotálamo se traslada del centro del cerebro hacia la parte prefrontal ubicada en nuestra frente, y donde se llevan a cabo procesos complejos de pensamiento como la imaginación. Veamos al cortex prefrontal cómo la zona más nueva de nuestro cerebro. Aquí es donde la primitiva envidia, combinada con la imaginación se convierte en algo con un poder destructivo enorme.

La realidad es que la persona que siente envidia entra en un círculo vicioso de dolor que daña su salud mental y posteriormente física. La situación es parecida a la tortura china de la gota de agua.

Esta tortura fue utilizada en la antigua china, y con tan sólo una gota de agua cayendo constantemente en la frente del torturado, era capaz de causar locura en un plazo de horas y posteriormente ocasionar la muerte por paro cardíaco.

Hay dos formas muy poderosas para evitar que una gota de envidia convierta a la mente en nuestra cámara de torturas personal.

La primera es trabajando en nosotros identificando con detalle lo que envidiamos de los otros, y al verlo con claridad ponernos metas alcanzables para llegar a cubrir esa carencia que sentimos con algo positivo.

La segunda puede traernos enormes beneficios y realmente es muy simple.

Solamente tienes que realizar una lista de todas las cosas por las que puedes sentirte agradecido, desde las más obvias, como levantarnos por la mañana, extendiéndote hasta lo que recibes de los demás, por pequeño que sea.  Revisa tu lista constantemente y seguramente encontrarás todo lo bueno que te rodea.

Está en nosotros cambiar la forma en que vemos a los demás,  vivir mejor y con un simple y poderoso  “Gracias”  ayudar a otros a cambiar su realidad.