Conecta con nosotros

Gaudencio Rodríguez

DisCapacidad

Municipio Incluyente

Periodico Correo

Publicado

En

Municipio Incluyente

El trabajo en beneficio de las personas con discapacidad y sus familias, dirigido a impulsar su calidad de vida, requiere siempre el concurso y la participación de todos los que integran el grupo social.

La Convención sobre los Derechos de quienes viven en esta condición, en la que nuestro país es parte, establece que las autoridades tienen una responsabilidad fundamental para lograr el desarrollo de este sector en las diversas naciones.

En Guanajuato refrendamos este compromiso por un trabajo permanente, en el que día con día buscamos estrategias que permitan su inclusión social con base en 3 ejes estratégicos: rehabilitación, habilitación e inclusión justamente.

Estamos viviendo una situación que reclama de nuestro máximo esfuerzo y de toda nuestra colaboración para lograr los mejores resultados en beneficio de las personas con discapacidad: así lo sabemos y lo estamos asumiendo, tanto las autoridades de los diferentes municipios, como la autoridad estatal.

Estamos realizando un recorrido por las diferentes regiones del territorio guanajuatense con el firme propósito de estar de cerca de quienes necesitan de nuestro apoyo.

Queremos intensificar la colaboración Estado – Municipio en la materia; esto será el componente de una estrategia que nos permita seguir avanzando en la consolidación de un Guanajuato Incluyente.

Y es que cada demarcación tiene sus particularidades asimétricas que nos plantean acciones específicas para apoyar la rehabilitación primero y el desarrollo después, de quienes viven en condición de discapacidad.

Hemos encontrado una disposición plena de las autoridades municipales diversas para colaborar con el gobierno del Estado, para llegar a políticas públicas conjuntas en donde la persona vea reflejado lo anterior, es el mejoramiento de su calidad de vida.

Una ruta de transporte adaptado en Uriangato; la puesta en operación de un tanque de hidroterapia en Romita, así como otros puntos de acuerdo en ciudades como Irapuato, Ciudad Manuel Doblado y las que seguiremos visitando en los próximos días, son el componente esencial.

Se fortalece así la rehabilitación a las personas con discapacidad pues por ejemplo con la hidroterapia se incrementan las sesiones al 100% y mejora hasta en un 20% el resto de los servicios sin tener que salir del municipio y optimizar tiempos y costos de traslados.

Nuestro reconocimiento y nuestro agradecimiento a las autoridades municipales que en estas visitas nos han manifestado su disposición para sumar esfuerzos con el propósito de multiplicar nuestros resultados. Hasta la próxima.

Comentarios

Continuar Leyendo

Gaudencio Rodríguez

Amor y ciencia ante la traumatización infantil

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

Amor y ciencia ante la traumatización infantil

Mi primer trabajo como psicólogo comenzó hace más de veinte años y lo realicé durante más de una década en una institución residencial para niñas y niños menores de seis años de edad en situación de maltrato extremo. Y aún después de concluir mi labor en dicha institución continúo trabajando en el tema. Ahora acompañando a los equipos operativos y directivos de las residencias que solicitan mi apoyo, asesoría y acompañamiento.

La última intervención de contención y capacitación realizada, me deja ver que la realidad en cuanto a capacitación y formación universitaria no cambia; la academia continúa sin dotar del conocimiento y herramientas que las y los profesionales requieren para atender a niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia, con historias de trauma, producto de la vulneración de sus derechos fundamentales.

Los equipos que atienden a esta población en las instituciones residenciales, también llamados centros de asistencia social o casas hogar, suelen caracterizarse por la entrega, la pasión y la buena voluntad. Pero, como menciona la investigadora en el tema Nieves Pereira, no basta con el amor en esta labor, junto a ella se requiere ciencia: “Amor, para comprender al niño y quererle personalmente con todas sus características, tal como es, y ciencia para resolver el caso concreto de cada uno”. Conocimiento que cada día se produce en las universidades prestigiosas del mundo, pero que no fluye suficientemente hacia nuestro país (ni hacia Latinoamérica), ni hacia las personas que lo requieren para su quehacer.

Las niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia llevan siglos esperando protección y atención integral que sea humanitaria, afectiva y oportuna, tal y como ya se mandata en los reglamentos operativos de más de alguna institución residencial y hasta en algunas leyes. Pero, cambio de discurso no significa cambio de prácticas de protección y cuidado. Para que tal cosa suceda se requiere capacitación y formación humana basada en evidencia, con estrategias pedagógicas que generen aprendizajes significativos, en una temática nada sencilla debido a lo dolorosa que resulta, pues se trata de cuerpos y mentes de niñas, niños y adolescentes rasgadas por la violencia que, al estudiarlas, acompañarles, protegerles y atenderles hacen eco en las propias heridas, traumas y rasgaduras del profesional que los atiende. De ahí la importancia de saber de qué está hecho el trauma, sus causa y consecuencias, para entonces abordarlo con el cuidado del “desactivador de bombas”, donde cortar el cable equivocado puede marcar trayectorias de vida (metáfora a del psicólogo Gonzalo Silva).

Las niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia atendidos en instituciones residenciales tienen derecho a contar con un resguardo y protección, a través de un espacio que brinde seguridad y garantice el proveer de la atención multidisciplinaria y el respeto a sus derechos fundamentales.

La evidencia científica acumulada nos permita conocer el grave daño que genera la violencia, el abandono, la negligencia y la exposición de niñas, niños y adolescentes, así como la gran responsabilidad de las y los profesionales e instituciones que les proporcionan la atención integral en un entorno residencial.

También contamos con amplia investigación que permite conocer las dinámicas de las familias de las que vienen estas niñas, niños y adolescentes, familias con multiproblemas y en riesgo social. Y, lo más importante, las investigadoras e investigadores están trazando los caminos para la atención de esta población y el abordaje del trauma complejo que suele ser parte de su biografía.

Sabemos también de la capacidad de recuperación y resiliencia del ser humano, la cual tiene como condición la existencia en el entorno de sistemas de protección, instituciones y profesionales capacitados y, por lo mismo, capaces de ofrecer la intervención oportuna y pertinente para cada caso.

Hoy contamos con información que posibilita la atención adecuada, que empuja y permite ofrecer una protección y atención de calidad y tino para la consecuente recuperación.

Sabemos que lo que provoca el hundimiento no es el golpe, sino la falta de apuntalamiento afectivo y social que impide encontrar tutores de resiliencia (Boris Cyrulnik). La adecuada capacitación de las y los profesionales a cargo de las niñas, niños y adolescentes en las instituciones residenciales es fundamental para convertirse en tutoras y tutores de resiliencia y, en ese acto, acabar con el sufrimiento de una población que muchas veces queda invisible a los ojos de la sociedad, y que día a día sigue esperando que la garantía de derechos sea una realidad en sus vidas. Enhorabuena por su importante labor.

Continuar Leyendo

Gaudencio Rodríguez

No te hago caso

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

No te hago caso

Aún existen profesionales del comportamiento humano dedicados a la crianza que recomiendan ignorar a las niñas y niños cuando estos están haciendo una pataleta. “Absolutamente nada que sea pedido a través de un berrinche, debe otorgarse”, le escuche decir a alguno de ellos.

El “berrinche” es un concepto utilizado para referirse de manera un tanto despectiva al desbordamiento emocional que viven niñas y niños traducido en comportamientos caracterizados por la desorganización, la impulsividad y la fuerza: llorar, gritar, patalear, tirarse al piso, etcétera.

¿Debemos ignorar a una niña o a un niño en este estado? Si deseamos que se ahogue sólo con sus emociones y nunca aprenda a regularlas y si deseamos que su cerebro se mantenga inundado de cortisol en niveles e intensidad, afectando las conexiones sinápticas y las neuronas, la respuesta es sí.

La verdad es que madres, padres y cuidadores no desean perjudicar ni inhabilitar emocionalmente a sus hijas e hijos. Sucede que la crianza, al día de hoy, sigue basada más en creencias y tradiciones (algunas de corte autoritario) que en evidencia. Y es que el estudio específico en el tema (acuñado bajo el concepto de parentalidad positiva) tiene pocas décadas de estudio e investigación, y aunque existen resultados de su práctica, estos no han sido difundidos suficientemente.

La parentalidad sigue sin ser una asignatura en las carreras relacionadas con este tema (psicología, pediatría, pedagogía, trabajo social, etcétera). Razón por la cual siguen egresando profesionales que difunden y promueven la crianza no siempre basados en evidencia, sino en deducciones o inferencias que hacen del conocimiento del desarrollo infantil que adquirieron, deducciones e inferencias elaboradas con base a la propia crianza recibida durante su proceso de crecimiento.

En otras ocasiones, los especialistas proporcionan sugerencias basadas en tradiciones o en creencias de lo que se dice acerca de la parentalidad. Y lo que se dice en nuestra cultura caracterizada por su amplia tolerancia a la violencia y a los malos tratos suelen ser cosas del tipo: “Si tienes un mal comportamiento no te hago caso”.

Lo que la evidencia y los estudios de las últimas décadas en el tema nos sugieren es justamente lo contrario: no ignorar el comportamiento de la niña ni del niño. ¿Por qué? Porque es su canal principal de comunicación. Sí, el comportamiento es el lenguaje principal en la etapa de la niñez. En los primeros años de vida, mientras la niña y el niño no han conseguido adquirir la habilidad del habla, nos queda claro que no podrá comunicar sus necesidades ni deseos. Entonces hacemos todo el esfuerzo para entenderlo. ¿Cómo? Interpretando su comportamiento: sus gestos, posturas físicas, sus sonidos de voz, etcétera.

Pero una vez que adquiere el don de la palabra, aparece la expectativa en el adulto que todo lo pide hablando y de buena manera. Olvidando que apropiarse del lenguaje no es suficiente para comunicar lo que pasa en el cuerpo y en la mente. Para que esto sea posible se requieren muchos años, mucha guía de adultos pacientes y sapientes que vayan permitiendo la adquisición de las múltiples habilidades socio emocionales necesarias para poder detectar las emociones, sentimientos, necesidades, deseos, etcétera, nombrarlas, tolerarlas, regularlas, comprenderlas y elegir las palabras precisas para su expresión, así como tomar decisiones sobre el comportamiento más pertinente a elegir.

Las estructuras cerebrales que posibilitan lo arriba enunciado se consolidan hasta alrededor de los 25 años. Esto en la medida que se haya tenido un acompañamiento sensible y sapiente, como mencioné renglones arriba, también.

Esperar que niñas, niños y adolescentes tengan un comportamiento impecable, es una expectativa sin fundamento, que se convierte en desesperación, impaciencia e intolerancia hacia el niño. Eso explica las explosiones de los adultos (¿berrinches?) traducidos en gritos, regaños, castigos y golpes hacia una niña o un niño que mostró un comportamiento inadecuado.

Cambiemos la actitud, pasemos del “Si tienes un mal comportamiento no te hago caso” al “Te hago caso siempre, independientemente de tu comportamiento”. O mejor aún: “Estaré atento a tu comportamiento para hacerle caso a la necesidad que dicho comportamiento encierra”.

Recordemos que una niña o un niño desregulado emocionalmente (haciendo berrinche, como solemos decir los adultos) la está pasando mal, no lo está disfrutando. No lo ignores, no lo dejes solo con sus emociones. Ayúdalo a gestionarlas para que su cerebro madure y un día adquiera la capacidad de autorregularse por sí mismo. No olvides que entre peor se porta más te necesita.

¿Existen niñas, niños y adolescentes que ya más grandes sí pueden hacer berrinches de manera premeditada? Sí existen, y no sólo menores de edad, sino también adultos. Y su origen está en el tipo de crianza recibida. Tal vez hablemos de esto en una próxima entrega.

Continuar Leyendo

Gaudencio Rodríguez

La atención a las familias con múltiples problemas 

Periodico Correo

Publicado

En

Por

Edición

La atención a las familias con múltiples problemas 

De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño –que en México es ley–, las niñas y los niños, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, deben crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Sin embargo, en la realidad muchos de ellos están privados del cuidado parental o en riesgo de perderlo, o viven en un ambiente de violencia, rechazo, desamor e incomprensión.

Se calcula que en México existen más de 412 mil niñas, niños y adolescentes que viven sin el cuidado de sus padres. Aunque este número puede ser aún mayor, pues el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas ha hecho observaciones al Estado mexicano sobre la falta de datos respecto de la cantidad de niños en esta situación. 

La pobreza, marginación social, violencia familiar, desempleo, adicciones, falta de acceso a servicios de salud, educación, vivienda, etcétera, son los principales factores causales de dicha situación.

Un pequeño porcentaje de estos niños, niñas y adolescentes tiene como alternativa el acogimiento residencial. De acuerdo con los datos arrojados por el Censo de Alojamientos de Asistencia Social en 2015, hecho por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística 33,118 niñas, niños y adolescentes se encontraban bajo la protección de 875 casas hogar, albergues, refugios y otras modalidades de cuidado institucional, públicos y privados en todo el país. Cifra muy conservadora, pero que se toma como referente, y aún, así grave. 

Las familias de las que proceden las niñas, niños y adolescentes que viven en instituciones residenciales presentan múltiples problemas que ponen en riesgo la integridad física y emocional de sus crías. Razón por la cual, los sistemas de protección, atendiendo al interés superior de la niñez, optan por separarlos e internarlos en una institución residencial ante la falta de alternativas familiares temporales (el acogimiento familiar existe en unos cuantos Estados, pero sus respectivos programas se encuentran en etapa de implementación o pilotaje, o los pocos ya instalados no son suficientes para la población que lo requiere). 

Para los padres, madres y cuidadores de estos niños, niñas y adolescentes la adquisición de habilidades y destrezas parentales resulta fundamental para favorecer el sano desarrollo de una nueva relación paterno o materno filial.

Con el objeto de que la familia adquiera dichas competencias para garantizar el sano desarrollo físico, psicológico y social de los niñas, niños y adolescentes, y con el fin de que la reunificación familiar se realice en el menor tiempo posible, es necesario acompañar a través de un proceso de apoyo y capacitación para la familia, con el objetivo de eliminar o disminuir de manera significativa los factores de riesgo, aumentar las fortalezas y factores de protección, así como las competencias parentales.

Para ello es necesario, entre otras cosas, el establecimiento de un plan de trabajo familiar psico-educativo y psicoterapéutico específico, derivado de las recomendaciones obtenidas en la etapa de investigación o evaluación. 

Difícilmente la familia cambiará sin el apoyo necesario. De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño, le corresponde al Estado adoptar las medidas apropiadas para ayudar a los padres, madres y otras personas responsables del cuidado del niño o de la niña a dar efectividad a su derecho a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social, proporcionando la asistencia material y programas de apoyo nutricional, de vestido, vivienda o la que la familia requiera.

La mayoría de las familias pueden recuperar la capacidad para criar sanamente a sus hijas e hijos, en la medida que la ayude llegue temprano y sea eficiente. Esta es una de las tareas pendientes en México, de acuerdo con las observaciones del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Tarea fundamental para evitar el sufrimiento y perjuicio de miles de niñas y niños privados del cuidado parental. 

Continuar Leyendo

Portada Impresa

Cartón

Marcador

Salud

Ciencia y Tecnología

Extravagario